La exposición será presentada hasta el 15 de septiembre del 2021 en el Centrale Montemartini

Odemaris González

Ayer, en Roma, fue exhibida la inmensa colección de mosaicos poco conocidos, obras con una técnica con la que los antiguos romanos decoraban sus “domus” y templos, esto en el marco de la reapertura en gran parte de Italia.

“Los colores de los romanos” se podrán disfrutar hasta el 15 de Septiembre del 2021 en la Centrale Montemartini, la cual era una antigua central eléctrica de Roma, siendo en la actualidad una sede de los Museos Capitolinos, en donde algunos restos antiguos se combinan con la maquinaria industrial. 

La colección es una variada selección de mosaicos poco conocida por el público, siendo algo clave con lo que Roma quiere atraer turismo, punto importante para su reactivación de actividades tras el cierre que hubo a causa de la pandemia.

La exhibición se encuentra conformada por cuatro secciones, organizadas de la siguiente manera: la primera muestra la historia y técnica del mosaico; la segunda abarca el lujo en el ambiente doméstico de la Roma Antigua; la tercera es la función sagrada de estos y, por último, la cuarta es el uso de entierros y necrópolis.

En los mosaicos se puede observar una confección hiperrealista de un mural que expone el fondo marino: peces, crustáceos y moluscos, que datan del l a. C., siendo encontrado en el subsuelo romano en 1888.

Estas telas llegaron exponiendo el contexto de fe en la cultura romana de aquella época, mostrando un gusto por la decoración y superchería, ya que uno los usos de estos mosaicos era alejar la mala suerte o tener el favor de uno de los dioses.

Algo de lo más interesantes de la exposición es el apartado dedicado a la famosa Basílica Hilariana de Roma, un antiguo colegio de sacerdotes de Cibeles y Atis, construido en el siglo l d.C., el cual fue una donación del rico comerciante de perlas Manius Poblicius Hilarus, 

Este edificio excavado en la colina de Celio, contenía mosaicos maravillosamente conservados hasta hoy, como en el que se lee: “Que los dioses sean propicios a quienes entran aquí.”

El mensaje era para los fieles y peregrinos que asistían a la basílica, era la única entrada que estaba decorada con un gran mosaico en el que se observa un ojo atravesado por una flecha, un método para ahuyentar a los malos augurios.