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La esperanza de un salario mensual de hasta 3,000 dólares y la posibilidad de obtener la ciudadanía rusa se convirtió en una trampa mortal para cientos de ciudadanos latinoamericanos. A través de anuncios en plataformas como TikTok y Facebook, redes de reclutamiento han captado a jóvenes y veteranos con promesas de labores civiles en territorio ruso, solo para obligarlos a firmar contratos militares en ruso que, en la práctica, los condenan a servir como soldados en la guerra contra Ucrania.
Una vez en Rusia, las víctimas denuncian que se les confiscan los pasaportes, son aislados bajo vigilancia y amenazados para incorporarse a las fuerzas armadas, enfrentándose a un sistema donde desertar se castiga con prisión y el frente de batalla se ha convertido en su único destino posible.
La gravedad de la situación ha escalado hasta niveles de una crisis humanitaria y diplomática. En Perú, la fiscalía investiga una red de trata de personas tras las denuncias de al menos 56 familias que han perdido contacto con sus seres queridos, mientras se estima que cerca de 600 peruanos habrían viajado bajo engaños, con reportes que ya confirman 13 fallecidos. Casos similares han surgido en Honduras, donde un grupo de connacionales logró escapar de un encierro bajo vigilancia tras descubrir que las promesas de trabajo eran falsas y que estaban siendo coaccionados para alistarse como mercenarios.
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Los afectados describen un panorama de maltrato, donde deben pagar por sus propios uniformes y equipo militar con sus primeros salarios bajo la sombra de la muerte.
Este esquema de reclutamiento trasnacional no es exclusivo de América Latina y forma parte de una estrategia deliberada de Moscú para mitigar sus bajas en el conflicto. Reportes internacionales confirman que el gobierno ruso ha extendido esta red a naciones de África y Asia, incluyendo a ciudadanos de Cuba, Kenia, Siria y Nepal, aprovechando la desesperación económica y la vulnerabilidad de jóvenes en contextos de precariedad.









