Florentino Sarmiento Tepoxtécatl

 

Para muchas personas, sobre todo aficionados a la historia, amantes del dato duro, de la verdad del suceso histórico, de la objetividad, buscarán información novedosa sobre la Revolución en Puebla, pero aquí no la van a encontrar. 

La historia ha dado certezas de fechas y personajes que iniciaron la Revolución en Puebla, sobre todo de los más emblemáticos: la familia Serdán es icónica. Pero existieron otros personajes, que desde su trinchera y posibilidades también aportaron cosas importantes para la causa revolucionaria.

En diversas poblaciones existen narraciones, testimonios, incluso documentos que cuentan una parte de ese complejo proceso político, ideológico y económico que fue la Revolución Mexicana. Por mencionar algunos ejemplos, entre las poblaciones de las faldas de La Malinche cuentan con listados que señalan nombres y aportaciones en pesos en favor a la causa maderista; pero también hay testimonios orales de la visita del ejército de Carranza a la zona y de posibles desmanes y destrozos allí.

Entre algunas poblaciones metropolitanas, se cuenta que existían grupos de apoyo a Madero, pero el día de la insurgencia nunca se levantaron. Incluso se cuenta que llegó el tren por las pequeñas tropas que serían trasladadas a la capital, pero los combatientes no se presentaron.

Este par de ejemplos sirvan como apunte para señalar que la historia no oficial, aquella que para algunos debe ser contada de manera objetiva, debe contarse a partir de la comprensión de cómo cada población proceso y quiso recordar dichos eventos. 

Es decir, después del triunfo de la Revolución y su institucionalización, sería una vergüenza señalar que tal o cual población no apoyó la causa; sus descendientes serían motivo de escarnio público y privado; o señalar abiertamente que el grupo del presidente constitucionalista causó una gran cantidad de atropellos.

Entonces, es más fácil encontrar a personas que confundan a los distintos grupos que luchaban por el poder y hacer el señalamiento de manera general o tergiversado: los zapatistas, en lugares donde nunca hubo presencia de ellos; o confundir a villistas con los carrancistas.

Para cerrar, que este 110 aniversario del inicio de la Revolución sirva para pensar el pasado, y el presente como un proceso complejo en el que interactúan intereses de grupo, individuales, la cultura, la clase social, la lengua y un enorme etcétera. Sirva para preguntar a los abuelos o a los más ancianos de la familia y de la comunidad (con las medidas de prevención), sobre cómo saben que vivieron la Revolución. 

Sirva este relativo confinamiento para pensar nuestro presente, desde la configuración del pasado.