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En un movimiento decisivo para distender la relación bilateral en materia de seguridad, el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana de México, Omar García Harfuch, sostuvo una reunión de alto nivel este miércoles con Kash Patel, director del FBI. El encuentro representa el segundo acercamiento clave del funcionario mexicano con agencias estadounidenses en menos de una semana, tras su reciente visita al titular de la DEA, Terrance Cole.
Un nuevo paradigma de cooperación y soberanía
La gestión de García Harfuch busca establecer una hoja de ruta clara en la relación con la administración de Donald Trump, la cual ha mantenido una retórica persistente sobre la intervención directa en territorio mexicano para combatir a los cárteles. Ante estas presiones, el secretario mexicano enfatizó que la colaboración debe basarse estrictamente en la reciprocidad y el respeto a la soberanía nacional, principios fundamentales del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum.
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“Reafirmamos que la cooperación bilateral, basada en la responsabilidad compartida, permite avanzar con resultados concretos”, señaló Harfuch. Esta estrategia de “diplomacia de seguridad” intenta dejar atrás los años de desconfianza mutua, particularmente tras el polémico arresto del general Salvador Cienfuegos en 2020, evento que fracturó los lazos entre México y la DEA durante el sexenio anterior.
Resultados que calman las aguas en Washington
Para respaldar la efectividad de este intercambio de inteligencia, el Gobierno de México ha puesto sobre la mesa capturas de alto impacto que eran prioridad para Washington. Entre los logros más destacados se encuentra la reciente detención de Nemesio Oseguera, “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), en un operativo en Tapalpa, Jalisco. Asimismo, la captura en Culiacán de Samuel Ramírez Jr., uno de los diez fugitivos más buscados por el FBI, ha servido como moneda de cambio política para demostrar que la estrategia mexicana está dando frutos.

El desafío de la inteligencia compartida
A pesar de los éxitos operativos, la tensión persiste en el discurso. Mientras México celebra estas detenciones como triunfos de su Gabinete de Seguridad, las agencias estadounidenses suelen atribuirse el mérito basándose en su labor de inteligencia. El reto para García Harfuch en los próximos meses será equilibrar esta narrativa, manteniendo el flujo de información técnica con la CIA y el FBI sin ceder ante las amenazas de intervención que emanan desde la Casa Blanca.
Con estas reuniones, México intenta consolidar un frente unido que reduzca los índices de violencia interna y, al mismo tiempo, desactive la justificación política de Estados Unidos para actuar de manera unilateral en la frontera.









