IV y última parte

Víctor Gutiérrez

Finalmente, llegamos al entrerramado de documentos en los que no todos asentaron en sus biografías la vida completa de muchos de los músicos del municipio de Zacatlán de esas épocas, debido a que no hubo quienes se encargaran de contar la historia de cada uno de ellos y, por ende, tampoco existen muchos registros al respecto. Sin embargo, y como los comenta nuestro interlocutor, el cronista Nemesio Barragán Solís, de las pocas biografías que aún existen en el país, sólo dos cumplen de alguna forma con las expectativas. Una de ellas tiene que ver con el Diccionario Biográfico de Puebla, que, en su momento, escribió Enrique Cordero y Torres, y que ha sido uno de los más puntuales que se tienen, pese a que otros biógrafos del país, no se tomaron la molestia de reflejar la vida de muchos talentos en el país, por fobias o enemistades que se generaron en aquellos tiempos. Así, Nemesio nos adentra a lo que este Diccionario describe de otros talentosos músicos zacatecos de los siglos XIX y XX. Y al respecto nos comenta que, en el Diccionario Biográfico de Puebla de Enrique Cordero y Torres publicado en julio de 1973, aparecen las biografías de Aurelio Barrios y Morales, Domingo Díaz y Soto, Everardo Díaz y Soto, Agustín Oropeza Aldana, Agustín Oropeza Barrera y Benjamín Santos Quiroz. BARRIOS Y MORALES, Aurelio. Organista, compositor y pedagogo. Nació en Zacatlán de las Manzanas el 27 de julio de 1880, siendo hijo legítimo del señor Rafael Barrios y de la señora Carmen Morales. Hizo sus estudios primarios en la escuela municipal del lugar, a cargo del Profesor J. Dolores Pérez; al concluirlos fue enviado al seminario de Puebla, apadrinado por el sacerdote Mariano Dávila., párroco del lugar.

Estando en el Seminario, al mismo tiempo que se convencía de su falta de vocación sacerdotal, sentía acrecentarse su inclinación por la música: primero fue el estudio furtivo del “Método de Eslava” que utilizaban los alumnos del coro, después el autoconocimiento del teclado del piano, hecho también escondidamente, en el instrumento de la escuela, por último, el fruto de sus recatados estudios que evidenció al musicar un melodrama escolar, cuya representación se llevó a cabo en un festival del Seminario, ante este testimonio decidieron los directores de su enseñanza dedicarlo al estudio de la música; a sus constancia, en 1903, se encargó de los servicios de capilla en el templo de La Concordia, de la ciudad de Puebla, cuyo órgano lo estrenó él en el año citado. Deseando el cura párroco mejorar su capilla lo envío a México como alumno al Conservatorio Nacional, asignándole una pensión; esto sucedía en 1905, ingresando por recomendación del maestro José Rivas que posteriormente fue director del Conservatorio. Los conocimientos adquiridos por Barrios en el Seminario poblano le permitieron aprobar el primer año en el Conservatorio los dos cursos de solfeo y los dos de armonía, así como los dos de francés; pero el año de 1907 fue el más difícil de su vida estudiantil, porque ya no recibió la pensión que disfrutaba.

Para vindicarse con sus estudios órgano, que se vio obligado a suspender en 1907, se dedicó a nivelarlos en 1910, conquistando al fin del curso el primer premio del segundo grado. Su carrera en el Conservatorio fue de 1905 a 1913, fin del tercer grado. Adquirió, de acuerdo con el reglamento del Conservatorio, el derecho de ingresar como catedrático de la especialidad, no actuando en el último año de su vida por su quebrantada salud. El 22 de marzo de 1943 se le designó para integrar la comisión dictaminadora a las reformas propuestas por el maestro Julián Carrillo a los programas del Conservatorio Nacional. Editó sus obras: Misa Solemne en Sí Bemol, Siete Palabras, Nocturno Prodifuctis, dos Oficios de Vísperas, un Oficio ad Matutinum y también in hon, Lamentaciones para el Jueves Santo, cuatro Trisagiois, treinta Cántica a una, dos, tres y cuatro voces; veinte Letanías, un Himno Eucarístico en tonalidad gregoriana y varios Motetes y Misterios para el mes de mayo. Compuso y quedaron inéditas varias pequeñas formas de música pianística; instrumentaciones y orquestas; además su obra didáctica “El Órgano”, con motivo del estreno del órgano del Palacio de las Bellas Artes en México. El maestro Aurelio Barrios y Morales falleció en San Pedro de los Pinos, Distrito Federal, el 29 de septiembre de 1943. El 27 de octubre de este año el Conservatorio Nacional le rindió homenaje póstumo a través de “Radio Gobernación” pronunciando la oración fúnebre el ilustre médico y catedrático dos Jesús C. Romero.

 DÍAZ SOTO, Domingo. Profesor, militar, músico. Nació el Zacatlán, municipio del Estado de Puebla, el 18 de agosto de 1886. Sus estudios de instrucción primaria los realizó en la Escuela Oficial de esa población. Sus estudios musicales sobre solfeo, canto, armonía, composición y contrapunto los realizó con su hermano, el señor profesor don Everardo Díaz Soto, que fuera profesor titulado en el Conservatorio Nacional de Música y violín concertino en la Orquesta Sinfónica dirigida por el maestro don Julián Carrillo. Especialidades profesionales: profesor de música, ejecutante de violín y piano, director de orquesta sinfónica, director de banda de música, compositor musical. Servicios militares: sentó plaza como teniente el 14 de diciembre de 1914; ascendió a capitán 2° el 12 de noviembre de 1915, ascendió a capitán 1° el 14 de febrero de 1916, prestó sus servicios al ejército nacional hasta el mes de diciembre de 1918 en que obtuvo licencia ilimitada. De 1914 al 30 de noviembre de 1917 estuvo comisionado en el cuartel general de la tercera división de Oriente, a las órdenes del general don Antonio Medina; del 1° de diciembre del mismo año estuvo comisionado en el Estado Mayor de dicha división; posteriormente, hasta diciembre de 1918, desempeñó varias comisiones (durante la campaña zapatista) en las zonas de Atlixco, Puebla y Apizaco, Tlaxcala, donde estuvo a su cargo el mando del 4° Escuadrón de Caballería. Servicios como civil: el 27 de diciembre de 1918 fue nombrado director de la banda municipal de la ciudad de Puebla, el 20 de febrero de 1920 director de la banda de policía de la propia ciudad, el 10 de marzo de 1921 reingresó al ejército, siendo nombrado por la Secretaría de Guerra y Marina director de la banda de música de la división “Álvaro Obregón”; del 24 de enero de 1925 a 1929 fue nombrado director de la banda municipal de la ciudad de Puebla, de 1929 a 1936 director de la banda de música del Estado de Tabasco y profesor de Educación Estética, el 15 de septiembre de 1936 fue nombrado por el gobierno del Estado de Puebla director de Cultura Es tética, puesto que desempeñó sin interrupción hasta el año de 1940 en que fue nombrado director del Conservatorio de Música y Declamación del Estado; ocupó dicho cargo hasta el día 9 de abril de 1951 (fecha en que falleció). DÍAZ SOTO, Everardo. Nació en la ciudad de Zacatlán el 1° de julio de 1879. Sus padres fueron don Francisco Díaz y la señora Nieves Soto. Cursó la instrucción primaria y superior en la Escuela Oficial de este lugar. A la edad de siete años ya tocaba el violín en público. Con el competente y afamado maestro don José Fernando Vallejo estudió canto, violín y piano. Debido a sus relevantes dotes artísticas, constante aplicación y excelente aprovechamiento mereció el singular aprecio de su maestro, quien lo tuvo de cantante y maestro de Capilla en esta población. Su magnífica vocación para la música y su vehemente deseo de cultivarla le llevaron al Conservatorio Nacional, donde estudió violín, armonía, contrapunto, canon y fuga. Uno de sus maestros fue el eminente violinista Alberto Amaya. Figura entre los inspirados y fecundos compositores nacionales, pues sus producciones son de corte enteramente clásico. Entre ellas se cuentan sonatas para piano, cuartetos de cuerda, tríos para piano, violín y cello y muchas piezas para piano solo y para violín y piano. Dio las primeras lecciones de música a los distinguidos hermanos Agustín y Rosendo Oropeza; forjó a su hermano Domingo, dirigió el Conservatorio de Música y Declamación de Puebla y formó un cuarteto clásico con cuatro de sus hijos. Los conciertos que dieron merecieron el aplauso y encanto de sus auditorios escogidos. Lució su interpretación exquisita y su brillante ejecución en la Sinfónica del Conservatorio Nacional y en la Orquesta Beethoven, que el insigne maestro Julián Carrillo formó a su regreso de Europa. Después se trasladó a la ciudad de Tulancingo, donde su actuación como maestro de música hizo época. Falleció en esta ciudad el 1° de octubre de 1923. Su cadáver fue sepultado en el panteón San Miguel, de Tulancingo, Estado de Hidalgo.

OROPEZA ALDANA, Agustín. Nació en esta ciudad el día 28 de agosto de 1845. Sus padres fueron los señores Antonio Oropeza y Francisca Aldana de Oropeza. Recibió la instrucción primaria en la Escuela Lancasteriana “La Divina Providencia” de este lugar, la cual fue fértil almácigo de distinguidos artistas, profesionistas, industriales y agricultores zacatecos, quienes sobresalieron por su moralidad y magníficas costumbres. Así que hubo terminado su primaria, fue llevado a un “obrador” (taller de tejidos de algodón), donde aprendió esta industria. Habiéndola aprendido completamente, estableció una rebocería, en la cual hizo rebozos de hilo, telas y fajas, y forjó magníficos obreros. Tuvo especial gusto a la música, y esta inclinación a ella le fue cultivada por competente maestro cuyo nombre ignoro. Sus instrumentos favoritos fueron el pistón y el saxofón para los cuales tuvo excelente embocadura. Por algún tiempo dirigió la Banda Municipal de esta población, cuyo conjunto de 30 músicos fue llamado por los “Moxicuanes” de este lugar “La Banda de los Tepozanes”. Como todos ellos fueron hijos de la mencionada Escuela Lancasteriana, tuvieron la misma buena moral y el mismo credo religioso. Anualmente celebraban pomposamente el día del Ministerio de la Santísima Trinidad. Y para dar mayor esplendor a aquellas festividades religiosas, adquirieron una bandera alusiva de grandes dimensiones, e hicieron promesas solemnes de no prestarla a persona ajena a esa agrupación ni a quienes quisieran utilizarla con fines distintos.

Don “Agustinito”, que era respetado, querido y admirado de sus compañeros, fue designado unánimemente Depositario Perpetuo de ella y cumplió con toda entereza aquel cargo. El jefe político de este distrito, emanado de la voluntad exclusiva de Miguel Miramón, le pidió prestada la bandera mencionada al señor Oropeza Aldana, quien se la negó tres veces. Entonces aquella autoridad imperialista lo mandó aprehender y ordenó que le dieran “CEPO”. Durante un cuarto de hora permaneció colgado de los dedos pulgares y con una estaca en el orificio del recto. Soportó aquel BÁRBARO E INJUSTO CASTIGO sin articular palabra alguna, y la bandera quedó sepultada en lugar que ignoramos aún.