“Me llamas y me quieres ver como puta, para no sentirte responsable de hacer valer mi derecho a la libertad”. Del diario de Mariel…

El jueves por la noche, después de salir de la oficina, Mariel llegó bañada en lágrimas al departamento de una de sus amigas, para contarle lo que acababa de sucederle: al bajar en la estación Pantitlán, alrededor de las 10 de la noche, un hombre al que no le vio el rostro, le metió la mano desabrochado algunos botones de su blusa color blanca que llevaba debajo de su saco, tocando de esta manera parte de sus senos, pero se alcanzó a zafar en medio del tumulto de gente. Minutos después, dos jóvenes al salir de la estación, en medio de un callejón donde faltaba alumbrado público, le esperaban para rodearla buscando abusar de ella. Cuando ella caminaba presurosa a su departamento, la aventaron al piso, jaloneando su ropa y, por debajo de la falda, le introdujeron los dedos por la entrepierna hasta llegar a sus pantaletas y tocar su vagina, asimismo intentaron quitarle la blusa alcanzando a desabrochar algunos botones. En medio de palabras obscenas como: “Mamacita, estás bien rica”, o “tu tuviste la culpa de que te pasara esto por andar tan solita”, “ya te chingaste porque te vamos a hacer cositas ricas, putita”, “y si así estás de húmeda es porque quieres que te cojamos, puta”. Mariel, como pudo, gritó y gritó, pidiéndole ayuda a una mujer que se encontraba parada en las escaleras, cerca de la salida de la estación del Metro, pero para su sorpresa, ésta la ignoró dándole la espalda y continuando con su camino. Segundos después, Mariel, utilizando toda su fuerza, golpeó a uno de ellos con una piedra y con su otra mano arañó al otro en el rostro, logrando escapar. Más tarde mientras ella se recuperaba de la situación, acomodando su ropa, apareció una mujer al lado de ella, y le dijo que como mujer tenía la culpa de que le hubiera pasado eso por usar ese tipo de ropa tan vulgar que parecía puta.

Nuestra historia nos muestra que para la sociedad, en la antigüedad, en especial para los hombres, les era más útil mantener a las mujeres en un estado de dependencia y subordinación para tratarlas como un objeto sexual. Si hablamos de leyes, normas o códigos, algunos aún siguen llevando lenguajes sexistas, o simplemente ignoran a la figura femenina, por lo que la condición jurídica de las mujeres fue y sigue siendo afectada en la  valoración social. Es cierto que hemos avanzado en la cuestión de igualdad de derechos ante la constitución, por ejemplo la redacción del artículo 4º, donde se hace mención a la igualdad entre el hombre y la mujer, aunque esto a veces es solo teoría, ya que falta mucho en la práctica, tanto en la educación de los hombres como en la de las mujeres.

Hasta hace unos años se logró el que sean obligatorias las cuotas de género para ocupar curules, aunque si nos enfocamos en ese tema de puestos de poder o en lo laboral, aún faltan reformas para que se pida una participación mayor del género femenino en los puestos de mando del servicio público y privado, no sin antes buscar que estos espacios se le den a mujeres que cumplan con perfiles idóneos, y la capacidad suficiente para estos cargos. Por otro lado, el terminar con la cultura machista aún nos sigue costando mucho trabajo, ya que se encuentra impregnada en todos los estratos sociales, en donde no solo los hombres siguen con este tipo de mentalidad tan retrograda, ya que algunas mujeres aún le siguen transmitiendo a los hijos varones una educación donde a la mujer se le subestima y se le hace creer que nació solo para servir a los demás y, por otro lado, existen familias que le enseñan a las hijas a buscar un “príncipe azul” que no existe para que las mantenga, y por el contrario, a veces el precio de que se les mantenga económicamente es que sean golpeadas o violadas por los propios maridos.

Otra parte de la sociedad conformada por mujeres es que, en lugar de apoyar a su mismo género, hacen todo lo contrario, al acusar y denigrar la figura femenina inventando historias o cuentos alimentados de rumores, del porqué una mujer sobresale, mientras que también, varios grupos de hombres hoy en día se les escucha decir frases como: “México aún no está preparado para ser gobernado o presidido por una mujer”, siendo que han habido excelentes gobernadoras que han demostrado a lo largo de la historia, lo contrario cuando estuvieron al frente de algunas administraciones, y una de ellas fue Griselda Álvarez en el estado de Colima.

Es así, como nos damos cuenta que para la equidad y género que tanto se ha estado buscando hasta volverlo un tema trillado, se debe de actuar en varios rubros como sociedad y gobierno, tocando fibras culturales, educativas y jurídicas.

Hoy cinco días después de que pasó por esa situación Mariel, se sigue preguntando si ella tuvo la culpa de haber estado en ese lugar, a esa hora, en medio de esa circunstancia, ya que al ir a presentar la denuncia, el Ministerio Público que atendió su caso, le dijo, que ella había sido la culpable, por andar a esas horas, vestida de esa manera. Siendo que ese día ella traía un traje oscuro, el cual es su uniforme habitual para ir a trabajar; falda a la rodilla y bajo el saco una blusa de botones blanca con una mascada de colores, pero hasta el describir su vestimenta debería estar de más, ya que la ropa no debería ser justificación de una violación o acoso sexual.

Así como Mariel, muchas otras mujeres se encuentran en este tipo de situaciones, y nuestra misma sociedad, conformada por hombres y mujeres las ha culpado, cuando en realidad son víctimas.

Texto publicado originalmente por: SDP Noticias