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Luz Ma Dollero | @equilibriumbyluzma
Ver las obras de Frida Kahlo en vivo, en el Museo de Arte Moderno, fue como entrar en una habitación donde el dolor y fuerza respiraban al mismo tiempo, pero hubo una pintura que se quedó latiendo dentro de mí:
“El abrazo de amor del Universo, la Tierra (México), yo, Diego y el señor Xólotl”.
Sentí una punzada extraña al verla sosteniendo a Diego entre sus brazos. Y pensé en cuántas mujeres han cargado, en silencio, con hombres detenidos en alguna estación de sí mismos.
No me nace llamarles “niños” a estos señores en cuerpo y con alma eclipsada. Los niños tropiezan, aprenden, florecen. Hablo de adultos que, por heridas o cansancio, dejan de mirarse hacia adentro y se abandonan lentamente, hasta convertir a quienes los aman en refugio, sostén y salvavidas.
Como carbón que alguna vez tuvo dentro la promesa del diamante, pero quedó atrapado bajo el peso de su propia oscuridad, sin alcanzar nunca la presión necesaria para transformarse.
No crecer emocionalmente no me parece una falla moral, sino un drama vital. Porque quedas incapacitado para amar de verdad, ya que requiere conciencia, responsabilidad y la delicada valentía de sostenerse a uno mismo sin deshabitar al otro.
Y entonces entendí algo incómodo, casi como un susurro inevitable:
Hay momentos en los que debemos dejar de cargar a quienes no están pudiendo sostenerse por sí mismos.
Porque a veces, creyendo que salvamos, alimentamos vínculos que desgastan como mareas interminables: relaciones donde una persona absorbe la energía, el tiempo y la calma emocional de la otra hasta dejarla vacía.
Y lo más doloroso es que quien sostiene suele romperse lentamente intentando rescatar a alguien que quizá aún no desea —o no puede— despertar.
A veces amar no es cargar.
A veces amar también es tener el coraje de soltar.
Porque nadie debería sacrificarse hasta desaparecer para mantener a otro en pie. Y hay un instante decisivo en el que seguir sosteniendo deja de ser amor para convertirse en una forma silenciosa de hundirse junto al otro. Soltar no siempre rompe el amor; a veces es lo único que puede salvar lo que queda de nosotros.
Te acompaño a vivir la vida que quieres








