VOZ DE MUCHOS

Por Óscar García Morales

Nadie sabe si alcanzará las 866 mil firmas ciudadanas para registrar su candidatura independiente ni cuántos votos obtendría en caso de participar en la elección del año siguiente, lo cierto es que María de Jesús Patricio Martínez “Marichuy”, aspirante presidencial por el Consejo Indígena de Gobierno (CIG), pasará a la historia por encabezar un movimiento centrado en las etnias de México.

Este país se caracteriza por muchos elementos, entre los que se encuentra la gente, es decir, un territorio multicultural, donde la diversidad y pluralidad son bastas, pero también, la pobreza y desigualdad están desde hace tiempo sin que ningún gobierno las haya frenado o erradicado.

Millones de olvidados

De acuerdo con el Sistema de Información Cultural de la Secretaría de Cultura (federal), en México hay 68 pueblos indígenas, que en total suman 11 millones de habitantes, de los cuales, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, 7 millones 382 mil hablan alguna lengua.

Por siglos, este grupo poblacional se ha encontrado relegado de las decisiones políticas, económicas y sociales. En materia electoral, cada tres o seis años son tomados en cuenta, no para liderar algún proyecto o coalición sino como un medio de legitimación (el voto) para arribar al poder.

De la lucha al sufragio

El CIG está vinculado con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) del que “Marichuy” es integrante desde su irrupción como movimiento armado en enero de 1994; que, en caso de concretarse dicha postulación, será una fuerza que atraerá a diferentes organizaciones de izquierda.

La figura de “Marichuy” pareciera ser una más de la picaresca política nacional; sin embargo, los indígenas (con o sin el EZLN) tienen derecho a emerger y a tener mayor representación en los tres órdenes de gobierno y por supuesto, en el ámbito legislativo.

Hoy, institutos como el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD) deben estar preocupados por la llegada del CIG y de su posible abanderada, ya que serían estos los principales afectados por un eventual surgimiento de la tercera oferta ligada a las causas populares.

Pros y contras…

No obstante, los retos a los que se enfrentarán Patricio Martínez y los demás (pre) candidatos independientes, serán sin duda la falta de una mayoría en el Congreso de la Unión, pues es ahí donde se discuten y aprueban las leyes y presupuestos necesarios para el funcionamiento del Ejecutivo federal.

Otra adversidad que surgiría es la falta de oficio político (a excepción de Margarita Zavala o Jaime Rodríguez), pues el dirigir los destinos del país requiere obligatoriamente una experiencia comprobada para enfrentar problemas como la violencia, el narcotráfico, la crisis económica y la gobernabilidad, sólo por nombrar algunos.

Faltan pocos meses para la jornada electoral y los movimientos, acuerdos o traiciones entre los diferentes actores continuarán en pro de su beneficio; empero, los ciudadanos cada día se alejan más de los partidos y sus integrantes, el abstencionismo amplía su territorio y quizá, las alternativas como el CIG ganarán más adeptos, debido a que los indígenas son la voz y reflejo de muchos.

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