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Luz Ma Dollero | @equilibriumbyluzma
Hace poco contemplé un boceto de Remedios Varo en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México que me cautivó. Mientras lo observaba, pensé que eso es justamente lo que se necesita en un conflicto interpersonal: la disposición de invitar al otro a entrar en nuestra intimidad y la disposición para acogerlo y también abrirte. Para conocer nuestros miedos, nuestras ilusiones, nuestras frustraciones, nuestras heridas y los significados que damos a lo que vivimos para poder tejer una historia plena.
Cada persona es mucho más de lo que aparentemente se ve. Lo que alcanzamos a observar es apenas la superficie. Detrás de un enojo puede haber miedo. Detrás de una crítica puede haber dolor. Detrás de una exigencia puede existir una profunda necesidad de sentirse amado, reconocido o importante.
Por eso, cuando suponemos, casi siempre nos equivocamos. No solo nos alejamos de la realidad, sino también de la persona, porque reducimos una experiencia profundamente compleja a una explicación demasiado simple.
Solo cuando nos mostramos vulnerables y permitimos que el otro toque nuestro mundo interior puede comprender lo que realmente nos sucede.
Y solo entonces podemos comprender también su historia y sus razones. No la versión simplificada que hemos construido en nuestra mente, sino una historia más completa: sus heridas, sus miedos, sus anhelos y aquello que da sentido a su experiencia.
Es ahí, cuando empatizamos, donde ocurre algo extraordinario: dejamos de pelear contra un enemigo, contra fantasmas del pasado y contra tus propias heridas y comenzamos a encontrarnos con un ser humano real. Dejamos de luchar uno contra el otro para convertirnos en aliados frente al problema.
Es ahí donde se vuelve posible tejer una nueva historia juntos. Una historia construida no desde la necesidad de tener razón, sino desde el deseo genuino de comprender. No desde el juicio, sino desde la empatía. No desde la defensa, sino desde la conexión. Una historia que nos permita crecer, aprender y transformarnos.
Quizá por eso, en los conflictos, la pregunta más importante no es: “¿Quién tiene la razón?”, sino: “¿Qué hay en tu interior que aún no alcanzo a comprender? Cuéntame más”.
Porque detrás de cada reacción hay una historia. Y detrás de cada historia, una persona que desea ser vista, comprendida y amada.
Te acompaño a construir relaciones más conscientes, profundas y auténticas.









