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Tener un crush —ese amor platónico que parece inalcanzable— es una experiencia común, especialmente en la juventud. De acuerdo con especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), este fenómeno tiene una base neuroquímica clara: el cerebro libera dopamina, neurotransmisor relacionado con el deseo, la motivación y la recompensa, cada vez que pensamos en esa persona especial.
Dopamina y enamoramiento platónico
Cuando surge un crush, la dopamina se activa de forma proporcional al grado de atracción. Esta sustancia produce una sensación placentera que refuerza la ilusión y mantiene viva la expectativa de que el sentimiento pueda ser correspondido.
Sin embargo, cuando no existe reciprocidad, el cerebro no libera en la misma medida oxitocina, hormona vinculada al apego y a la consolidación de vínculos afectivos. Por ello, los amores platónicos suelen durar menos de un año, periodo en el que la intensidad emocional alcanza su punto máximo antes de disminuir.
Los especialistas indican que estos enamoramientos son más frecuentes antes de los 25 años, etapa en la que la corteza prefrontal —área asociada a la toma de decisiones y el control emocional— aún está en desarrollo.
El efecto “Romeo y Julieta”
Cuando el crush está dirigido hacia una figura pública, como actores o cantantes, la idealización puede intensificarse. El acceso constante a información e imágenes a través de internet incrementa la liberación de dopamina y refuerza el deseo.
Este fenómeno es conocido como “efecto Romeo y Julieta”: la falta de reciprocidad o los obstáculos no reducen el interés, sino que lo potencian.
Cuando el crush sí es correspondido
Si existe reciprocidad, el escenario cambia. En ese caso, además de la dopamina, entra en juego la oxitocina, fortaleciendo el apego y la conexión emocional. El enamoramiento puede durar entre tres y cuatro años y, si evoluciona adecuadamente, convertirse en una relación estable de largo plazo.
Los expertos señalan que, en promedio, una persona puede enamorarse hasta siete veces en relaciones recíprocas, mientras que los amores platónicos pueden repetirse entre cuatro y cinco ocasiones a lo largo de la vida.
Aunque la dopamina tiende a disminuir con la edad, la experiencia permite al cerebro distinguir mejor entre ilusión y realidad.
Tener un crush, concluyen los especialistas, es una experiencia natural que ayuda a aprender sobre reciprocidad, límites emocionales y manejo de la frustración, formando parte del desarrollo afectivo.
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