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La tensión entre Estados Unidos y China escaló nuevamente luego de que funcionarios estadounidenses afirmaran que Beijing habría llevado a cabo una prueba nuclear secreta el 22 de junio de 2020, acusación que el gobierno chino negó de forma categórica.
El cruce ocurre en un momento crítico para el sistema global de control de armas, tras la expiración del tratado New START y en medio de advertencias desde Washington sobre la posibilidad de retomar ensayos nucleares de baja potencia.
Señalamientos de explosión subterránea en Lop Nor
La acusación fue planteada en la Conferencia de Desarme de la ONU en Ginebra por el subsecretario estadounidense para el control de armas, Thomas DiNanno.
Posteriormente, el subsecretario de Estado Christopher Yeaw ofreció más detalles en un evento en el Hudson Institute, en Washington.
Según explicó, una estación sísmica remota en Kazajistán detectó una explosión de magnitud 2.75 a unos 720 kilómetros de distancia, en el campo de pruebas de Lop Nur, en el oeste chino.
Yeaw aseguró que los datos no correspondían a un terremoto ni a detonaciones mineras, y sostuvo que el patrón sísmico sería “compatible con una prueba con explosivos nucleares”. También señaló que China habría utilizado un método conocido como “desacoplamiento”, que consiste en detonar el dispositivo dentro de una cavidad subterránea para amortiguar las ondas sísmicas y dificultar su detección.
La postura cauta de la CTBTO
La Comprehensive Nuclear-Test-Ban Treaty Organization (CTBTO), encargada del sistema internacional de vigilancia, fue prudente.
Su secretario ejecutivo, Robert Floyd, informó que la estación sísmica PS23 registró “dos eventos sísmicos muy pequeños” con 12 segundos de diferencia, pero aclaró que, con esos datos, no es posible determinar con certeza la causa.
El sistema internacional puede detectar explosiones equivalentes a 500 toneladas métricas de TNT, y los eventos registrados estuvieron muy por debajo de ese umbral.
China rechaza acusaciones
El Ministerio de Relaciones Exteriores chino calificó los señalamientos como “completamente infundados” y acusó a Washington de fabricar pretextos para reanudar sus propios ensayos.
Un portavoz de la embajada china en Washington, Liu Pengyu, afirmó que se trata de “una manipulación política destinada a perseguir la hegemonía nuclear”.
China firmó, pero no ha ratificado, el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares de 1996. Según Beijing, su último ensayo oficial se realizó precisamente ese año. Estados Unidos también firmó el acuerdo, pero tampoco lo ha ratificado.
El trasfondo: el fin del Nuevo START y el riesgo de nueva carrera nuclear
El contexto es especialmente delicado. El tratado New START, último gran acuerdo bilateral entre Estados Unidos y Rusia para limitar armas nucleares estratégicas, expiró el 5 de febrero.
El presidente Donald Trump ha presionado para negociar un nuevo pacto que incluya a China y ha advertido que Washington podría retomar ensayos nucleares de baja potencia “en igualdad de condiciones”.
La combinación de acusaciones cruzadas, el debilitamiento de los acuerdos de control de armas y la posibilidad de reanudar pruebas nucleares ha encendido alertas en la comunidad internacional sobre el riesgo de una nueva carrera armamentista atómica.
En un escenario global ya marcado por tensiones geopolíticas, el fantasma del regreso de los ensayos nucleares amenaza con erosionar décadas de esfuerzos por contener la proliferación y mantener el equilibrio estratégico.

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