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Jacqueline Mendez
Después de tres años de miedo, incertidumbre y lucha constante, Ana Karen volvió a abrazar a sus tres hijas: Erika Aitana, Ivanka y Madisson. El reencuentro se dio tras una extensa investigación de la Fiscalía General del Estado (FGE), que culminó con la detención de su ex pareja y de sus ex suegros, responsables de mantener a las pequeñas ocultas durante casi tres años.
La historia de Ana Karen comenzó en 2022, cuando fue víctima de violencia vicaria por parte de su entonces pareja, Erick N., quien la expulsó de su hogar en el fraccionamiento Jardines del Rosal, en el municipio de San Pedro Cholula, y le impidió volver a ver a sus hijas.
Durante meses, Ana Karen vivió una pesadilla. Su ex pareja, con ayuda de sus padres, retuvo a las menores y se negó a entregarlas, desobedeciendo una orden judicial que en marzo de 2023 le otorgaba a Ana Karen la custodia total.
A partir de su denuncia ante la FGE en noviembre de 2022, comenzaron las labores de búsqueda. En total, la Fiscalía realizó 45 actos de investigación y 15 cateos en distintos puntos de Puebla y Tlaxcala, con el propósito de ubicar a las niñas, quienes habían sido movidas de lugar constantemente por su padre y sus abuelos para evadir la justicia.
Durante el proceso, Erick N. fue detenido y vinculado a proceso por violencia familiar, violencia vicaria y sustracción de menores. Sin embargo, antes de su captura, ordenó a sus padres, Francisco Héctor N. y Blanca Patricia N., continuar escondiendo a las niñas.
En julio de 2024, los abuelos fueron detenidos por primera vez, pero quedaron en libertad tras una modificación en las medidas cautelares. Sin embargo, la justicia finalmente alcanzó a los tres: el 18 de octubre de 2025, la FGE recapturó a los abuelos paternos, ahora por el delito de Desaparición Cometida por Particulares, en un operativo realizado en la colonia Lomas de San Miguel, en la capital poblana.
Ese mismo día, la historia cambió. Las autoridades localizaron a las tres menores con vida, poniendo fin a una búsqueda de casi tres años.
Entre lágrimas, Ana Karen dijo que nunca perdió la fe. “Sabía que algún día volvería a abrazarlas. Nunca dejé de luchar por ellas”, expresó al reencontrarse con sus hijas, rodeada de personal de la Fiscalía que participó en el rescate.
Actualmente, Erika Aitana, Ivanka y Madisson están bajo resguardo de su madre y reciben atención psicológica especializada para garantizar su bienestar emocional y reintegración familiar.
El caso de Ana Karen ha sido descrito por autoridades y especialistas como uno de los más emblemáticos de violencia vicaria en Puebla, una forma de agresión en la que se utiliza a los hijos como medio de control o castigo contra la madre.
La Fiscalía destacó que el proceso continúa y que los detenidos enfrentarán las consecuencias legales de sus actos.
Hoy, tras tres años de oscuridad, Ana Karen y sus hijas comienzan una nueva etapa, marcada por el amor, la justicia y la esperanza.
“Las abracé y sentí que el alma me regresaba al cuerpo”, dijo Ana Karen. “Ellas son mi vida, y por fin estamos juntas”.









