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Un grupo de investigadores de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC) descubrió la transmisión de persona a persona de un virus extraño en Bolivia que puede causar fiebres hemorrágicas y que es similar al ébola.

Esto genera preocupaciones potenciales de brotes adicionales en el futuro, según los nuevos hallazgos presentados este lunes en la reunión anual de la Sociedad Americana de Medicina e Higiene Tropical (ASTMH).

El microorganismo lleva el nombre de la provincia boliviana donde fue detectado por primera vez en 2004, y está siendo investigado por el CDC de Estados Unidos. Los expertos sólo tenían conocimiento de que el virus se transmitía por el contacto con la orina o excrementos de ratas. Asimismo, se estudió un pequeño brote disparado el año pasado con tres fallecimientos de cinco infectados, lo que refleja un alto índice de letalidad.

De todos modos, no hay brotes activos de Chapare en 2020, e incluso en el caso de nuevos brotes, es poco probable que el virus cause una pandemia, según los expertos en virus, sostiene el sitio Live Science.

“Las fiebres hemorrágicas como el ébola rara vez se propagan tan ampliamente como las enfermedades respiratorias como la gripe o el Covid-19”, dijo a Colin Carlson, investigador de la Universidad de Georgetown que estudia las enfermedades zoonóticas.

“Esto se debe a que los síntomas de la fiebre hemorrágica generalmente aparecen poco después de las infecciones (a diferencia de los largos períodos de incubación de las enfermedades respiratorias), y el contacto directo con los fluidos corporales generalmente es necesario para contraer una enfermedad hemorrágica. Pero los brotes pueden devastar los sistemas de atención médica, con un gran número de trabajadores de la salud que se enferman después de tratar a pacientes infectados”, agregó el especialista.

 

Síntomas del Chapare

 

Puede causar fiebre, dolor de cabeza, malestar en los abdominales, sarpullido, insuficiencia orgánica y hemorragias, potencialmente mortales.

El primer indicio del brote de 2019 se encontró en una colección de fluidos corporales que apareció en un laboratorio de Santa Cruz. Los médicos que recolectaron las muestras creían que los pacientes habían contraído dengue, una enfermedad potencialmente mortal transmitida por mosquitos que también puede causar fiebre y hemorragia interna.

“Nuestro trabajo confirmó que un joven médico residente, un médico de ambulancia y un gastroenterólogo contrajeron el virus después de encontrarse con pacientes infectados”, dijo Caitlin Cossaboom, epidemióloga de la división de patógenos y patógenos de altas consecuencias de los CDC al diario británico The Guardian. Dos de los trabajadores de la salud murieron más tarde. “Ahora creemos que muchos fluidos corporales pueden potencialmente portar el virus”.

Debido a que no existen medicamentos específicos para la enfermedad, los pacientes sólo reciben cuidados de apoyo, como líquidos por vía intravenosa, explicó la experta.

Los investigadores dijeron que era posible que el virus hubiera circulado durante algunos años sin ser detectado, porque podría diagnosticarse erróneamente fácilmente como dengue, un virus con síntomas similares. Los científicos dijeron que necesitaban continuar estudiando el virus para comprender su capacidad de causar brotes.

“Aunque todavía hay mucho que aún se desconoce sobre el virus Chapare, es encomiable la rapidez con la que este equipo fue capaz de desarrollar una prueba diagnóstica, confirmar la transmisión de persona a persona y descubrir evidencias preliminares del virus en roedores”, resumió el presidente de ASTMH, el doctor Joel Breman.

El Chapare pertenece a un grupo de virus llamados arenavirus. Estos incluyen patógenos peligrosos como el virus lassa, que causa miles de muertes cada año en el oeste de África, y el virus Machupo, que causó brotes mortales en Bolivia.

Los expertos estiman que la enfermedad se originó en los ratones de campo y que las personas que se contagiaron tuvieron contacto con las fecas de los roedores, aunque no hay certeza absoluta de ello. La alta tasa de mortalidad, un 60 por ciento al menos, enciende las alarmas entre los expertos, que -en todo caso- afirman que es poco probable que haya una pandemia. “Las fiebres hemorrágicas como el ébola rara vez se propagan tan ampliamente como las enfermedades respiratorias”, dijo Colin Carlson, investigador de la Universidad de Georgetown.

Recientes investigaciones proporcionan evidencia preliminar con respecto a la especie de roedor que porta el virus y puede transmitirlo a las personas u otros animales que pueden infectar a los humanos.

Investigadores de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos han presentado nuevas pistas sobre los muchos misterios que rodean al virus Chapare, que causó al menos cinco infecciones cerca de la capital de Bolivia, La Paz, en 2019, tres de ellas fatales.

Antes de eso, el único registro de la enfermedad era un pequeño grupo y un solo caso confirmado en 2004 en la provincia de Chapare en Bolivia. El reciente brote sorprendió a las autoridades sanitarias, ya que inicialmente sólo sabían que se trataba de una fiebre hemorrágica que producía síntomas similares a enfermedades como el ébola.

Provocó una rápida movilización de expertos en enfermedades infecciosas del Ministerio de Salud de Bolivia, los CDC y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) para explorar los orígenes de la enfermedad.

Cossaboom explica que la confirmación de la transmisión de persona a persona muestra que los proveedores de atención médica y cualquier otra persona que se ocupe de casos sospechosos deben tener sumo cuidado para evitar el contacto con elementos que puedan estar contaminados con sangre, orina, saliva o semen.

El Chapare pertenece a un grupo de virus llamados arenavirus. Entre ellos se encuentran patógenos peligrosos como el virus Lassa, que causa miles de muertes al año en África Occidental, y el virus Machupo, que ha provocado brotes mortales en Bolivia.

Al igual que esos patógenos, el virus Chapare puede causar fiebres hemorrágicas, una condición que también se observa en los pacientes con ébola y que puede producir problemas graves en varios órganos, lo que hace que los pacientes luchen por sobrevivir.

Cossaboom señala que los pacientes del brote de Chapare en 2019 sufrieron fiebre, dolor abdominal, vómitos, encías sangrantes, erupción cutánea y dolor detrás de los ojos.

Todavía hay mucho que se desconoce sobre el virus Chapare, principalmente dónde se originó, cómo infecta a los humanos y la probabilidad de brotes más grandes en Bolivia y en otras partes de América del Sur.

Cossaboom presenta ahora nueva evidencia de ARN viral de Chapare detectado en roedores recogidos en un área alrededor de la casa y las tierras de cultivo cercanas del primer paciente identificado en el brote de 2019: un trabajador agrícola que también murió.

Advierte de que la evidencia no llega a probar que los roedores fueron la fuente de su infección (el ARN viral no es una prueba de que los roedores fueran infecciosos), aunque ofrece una pista importante.

“La secuencia del genoma del ARN que aislamos en muestras de roedores coincide bastante bien con lo que hemos visto en casos humanos”, apostilla.

Las especies de roedores que dieron positivo en ARN viral se encuentran en Bolivia y varios países vecinos. Los roedores son una fuente o reservorio clave de virus similares, incluido el virus Lassa.

Los científicos creen que el virus del Chapare podría haber estado circulando en Bolivia durante varios años, pero es posible que los pacientes infectados hayan sido diagnosticados erróneamente de dengue, una enfermedad que es común en la región y puede producir síntomas similares.

La colega de Cossaboom en el CDC, Maria Morales-Betoulle, describe un trabajo intensivo realizado funcionarios de salud bolivianos en La Paz, científicos del Centro Boliviano de Enfermedades Tropicales (Cenetrop) en Santa Cruz de la Sierra, colegas de la OPS y expertos en enfermedades infecciosas en la sede de los CDC en Atlanta para controlar el brote de 2019.

Añade que cuando quedó claro que la enfermedad no era causada por el dengue, las muestras de pacientes recogidas por las autoridades bolivianas se enviaron rápidamente a un laboratorio de los CDC de nivel 4 de bioseguridad (BSL-4) de alta seguridad. Una vez allí, fueron sometidos a análisis con tecnología avanzada de secuenciación del genoma de próxima generación.

Los expertos de los CDC pudieron identificar el virus como Chapare porque coincidía con los datos de secuencia derivados del paciente involucrado en la infección original de 2004.

La disponibilidad de nuevas herramientas de secuenciación permitió a los expertos de los CDC desarrollar rápidamente una prueba de RT-PCR para detectar Chapare, el mismo tipo de prueba que se usa a menudo para diagnosticar COVID-19, que se considera el estándar de oro para el diagnóstico.

Luego, la investigación se trasladó a Cenetrop en Santa Cruz de la Sierra, donde hay un laboratorio BSL-3 y un equipo capaz de obtener y analizar muestras de pacientes.

arios colaboradores del equipo ya estaban en Sudamérica investigando otras fiebres hemorrágicas virales cuando ocurrió el brote de 2019. “Eso nos permitió movilizarnos y movernos muy rápido”, celebra.

Morales-Betoulle y Cossaboom destacan que el trabajo futuro se centrará en el uso de las pruebas de diagnóstico para realizar la vigilancia para identicar infecciones humanas adicionales y el trabajo de campo para determinar si los roedores están involucrados en la propagación de la enfermedad.

Desde el brote, Cenetrop identificó tres casos sospechosos adicionales, incluido uno que involucraba a un niño. Se cree que todos sobrevivieron.

“Si bien todavía hay mucho que se desconoce sobre el virus Chapare, es encomiable la rapidez con la que este equipo pudo desarrollar una prueba de diagnóstico, confirmar la transmisión de persona a persona y descubrir evidencia preliminar del virus en roedores –admite el presidente de la ASTMH, Joel Breman–. Es una lección valiosa que los equipos científicos internacionales, equipados con las últimas herramientas y que comparten libremente sus conocimientos, son nuestra mejor defensa de primera línea contra las amenazas disruptivas de las enfermedades infecciosas mortales”.