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Luis Kova
Entre recuerdos de infancia, disciplina, familia y servicio a México, Abraham Salazar comparte su historia de vida y su visión para un San Martín Texmelucan más seguro, unido y lleno de oportunidades.
Hay historias que no comienzan en grandes escenarios, sino en las calles de un municipio, entre amigos de la infancia, escuelas y recuerdos que con el paso de los años adquieren un valor especial. La de Abraham Salazar comienza precisamente en San Martín Texmelucan, Puebla, el lugar que considera su casa y al que, después de recorrer distintos caminos, decidió regresar.
En entrevista con Exclusivas Puebla, Abraham abrió una ventana a su vida personal y profesional. Habló de sus años de formación, de su paso por la Fuerza Aérea Mexicana, de las dificultades que enfrentó al regresar a su tierra y, sobre todo, de la familia y del municipio que han sido parte fundamental de su historia.
Desde pequeño estudió en San Martín Texmelucan. Ahí cursó el jardín de niños, la primaria y la secundaria, etapa que recuerda con especial cariño por la tranquilidad que, asegura, se vivía en aquellos años.
Uno de sus recuerdos más significativos llegó a los 16 años, cuando decidió dejar temporalmente su municipio para continuar con su formación en instituciones militares. Primero pasó por el Heroico Colegio Militar y posteriormente ingresó al Colegio del Aire, en Zapopan, Jalisco.
La competencia no era sencilla. Más de siete mil jóvenes buscaban ingresar a los planteles militares y algunos llevaban varios años intentando conseguir un lugar. Abraham lo consiguió a la primera.
Aquella decisión marcaría profundamente su vida.
La formación militar le enseñó disciplina, responsabilidad, resiliencia y, principalmente, el valor del honor y la lealtad. Al concluir sus estudios se graduó como oficial de la Fuerza Aérea Mexicana y tuvo la oportunidad de servir en diferentes lugares del país, incluyendo la Sierra de Chihuahua y la Base Aérea de Santa Lucía.
Pero más allá de los cargos y los lugares donde estuvo, Abraham recuerda aquella etapa por una razón que resume con sencillez: el orgullo de haber servido a México.
Para él, aquella experiencia también significó convertirse en una persona distinta a aquel adolescente que salió de San Martín. La disciplina, explica, terminó formando un carácter que posteriormente le serviría para enfrentar los
retos de la vida.

VOLVER A CASA Y COMENZAR DESDE CERO
Regresar a San Martín Texmelucan después de su experiencia en la Fuerza Aérea tampoco fue sencillo.
Lejos de encontrar inmediatamente un empleo relacionado con su preparación, Abraham tuvo que comenzar prácticamente desde cero. Las oportunidades laborales no llegaban y, como ocurre con muchos profesionistas, tuvo que buscar alternativas para salir adelante.
Entonces apareció una palabra que ha acompañado buena parte de su historia: trabajo.
Participó en el comercio, abrió una cooperativa escolar y posteriormente comenzó a vender calzado en el tianguis de San Martín Texmelucan, una experiencia que le permitió conocer de cerca a cientos de comerciantes y entender todavía más la importancia económica que representa esta actividad para las familias del municipio.
Aquella etapa también le dejó una de las anécdotas que más recuerda.
Durante su estancia en Chihuahua, llegó a una comunidad llamada Guadalupe Victoria y entró a una tienda donde encontró una playera que le gustó. Al preguntar por su precio, la mujer que atendía le respondió que costaba 99 pesos.
Pero lo que realmente sorprendió a Abraham fue saber de dónde había llegado aquella prenda.
“La traemos desde San Martín Texmelucan, Puebla”, le dijeron.
En aquel momento sintió un profundo orgullo por su municipio. Incluso estando a cientos de kilómetros de distancia, San Martín estaba presente a través del trabajo de sus comerciantes.

EL SAN MARTÍN QUE RECUERDA
Hablar con Abraham de su municipio es también hablar de nostalgia.
Recuerda aquellas épocas en las que los niños podían caminar por las calles, jugar con sus amigos y trasladarse de una comunidad a otra con una sensación de seguridad que, considera, hoy se ha perdido.
Entre risas recuerda que la mayor preocupación cuando salían a caminar era encontrarse con algún perro que pudiera perseguirlos.
Hoy, en cambio, reconoce que la inseguridad se ha convertido en una de las principales preocupaciones de los habitantes.
Considera que la seguridad es la base para generar mejores condiciones de vida, permitir que las familias salgan a trabajar tranquilamente y que los jóvenes puedan estudiar y desarrollarse sin miedo.
LA FAMILIA, SU PRINCIPAL MOTOR
Detrás del hombre que habla de seguridad, comercio, educación y reconstrucción social, existe una historia mucho más íntima: la de un padre y esposo orgulloso de su familia.
Abraham conoció a su esposa desde la secundaria. Con el paso de los años construyeron una familia y hoy ve con orgullo que sus hijos concluyeron sus carreras profesionales y comenzaron a desarrollar sus propios caminos.
Los fines de semana, cuando las responsabilidades laborales lo permiten, la familia se reúne para comer, visitar a los abuelos y convivir.
Es precisamente cuando habla de ellos cuando su voz adquiere otro tono.
Para Abraham, la familia siempre ha sido su motor. Desde que sus hijos eran pequeños, asumió junto con su esposa la responsabilidad de guiarlos y ayudarlos a encontrar su propio camino.
Hoy, verlos realizados representa una de las mayores satisfacciones de su vida.

LOS JÓVENES, UNA PREOCUPACIÓN QUE VA MÁS ALLÁ DE INTERESES PARTICULARES
Una de las partes más sensibles de su trayectoria ha sido el trabajo que ha realizado con jóvenes.
A través de diferentes actividades en escuelas y comunidades, Abraham ha buscado acercarse a estudiantes para hablar sobre sus sueños, sus metas y las decisiones que pueden marcar su futuro.
Entre estas experiencias destaca el llamado “Reto Frank”, proyecto en el que participó Frank, un joven proveniente de Ciudad Juárez que había enfrentado intentos de suicidio y que compartía su experiencia con estudiantes.
Durante 15 días de actividades en diferentes instituciones educativas, Abraham asegura que más de mil 640 jóvenes levantaron la mano para reconocer que habían tenido pensamientos suicidas o que incluso habían intentado quitarse la vida.
Para él, aquel momento permitió dimensionar una problemática que muchas veces permanece silenciosa dentro de las familias.
El trabajo no terminó en escuchar esas historias. También se impulsaron actividades de prevención y durante seis semanas se trabajó con jóvenes para convertirlos en preventores del suicidio.
El objetivo, explica, fue recordarles algo que considera fundamental: tener un sueño, convertirlo en una meta y trabajar para alcanzarlo.
Porque, desde su perspectiva, hablar con los jóvenes no solamente significa advertirles sobre los riesgos, sino también ayudarlos a encontrar razones para seguir adelante.
UN MUNICIPIO QUE TODAVÍA PUEDE LEVANTARSE
Abraham reconoce que San Martín Texmelucan ha cambiado y que existen problemas que han afectado su desarrollo, particularmente en materia de seguridad y actividad comercial.
También considera que el tianguis, que durante años fue uno de los principales motores económicos de la región, ha perdido parte del movimiento que anteriormente tenía.
Sin embargo, lejos de mirar el futuro con pesimismo, prefiere hablar de oportunidades.
Su ubicación geográfica, la cercanía con importantes vías de comunicación, el comercio, la industria y el campo convierten a San Martín en un municipio que, desde su perspectiva, tiene las condiciones para volver a convertirse en un referente regional.
“San Martín es una tierra de oportunidades”, es una de las ideas que atraviesa su visión.
Y para conseguirlo, considera que no basta con esperar que alguien más resuelva los problemas. La transformación, sostiene, debe comenzar desde la propia comunidad.

CAMBIAR DESDE LA CALLE
Una de las acciones que Abraham destaca es el trabajo comunitario.
Jornadas para pintar guarniciones, limpiar calles y recuperar espacios se convierten, para él, en algo más que una actividad de mantenimiento: son una forma de volver a conectar a los vecinos.
Recuerda que en algunas de estas jornadas los propios habitantes salen desde temprano a barrer sus calles, mientras jóvenes y voluntarios se suman a las labores.
Después viene la convivencia: compartir un taco, tomar agua y platicar con los vecinos.
Y hay algo que particularmente le llama la atención: regresar el tiempo después a esas mismas calles y encontrar a los vecinos manteniendo limpio el lugar.
Para Abraham, ahí está una parte de la reconstrucción del tejido social: en lograr que la gente vuelva a sentirse parte de su comunidad.
VOLVER A CREER EN SAN MARTÍN
Después de haber salido de su municipio siendo adolescente, conocer otras partes del país, servir en la Fuerza Aérea, regresar y comenzar nuevamente desde el comercio, Abraham Salazar mantiene una idea clara sobre el lugar que considera su casa.
Quiere un San Martín Texmelucan seguro, próspero y con oportunidades para todos.
Pero, sobre todo, quiere recuperar el sentido de comunidad que recuerda de su infancia.
Su historia no es solamente la de un exoficial de la Fuerza Aérea Mexicana. Es también la de un hombre que salió de su municipio para cumplir un sueño, que enfrentó las dificultades de volver a empezar y que encontró en su familia, en el trabajo y en su tierra las razones para continuar.
Ahora, desde otra etapa de su vida, Abraham mira hacia San Martín Texmelucan con la misma convicción con la que aquel joven de 16 años salió de casa: con la certeza de que los sueños solamente se alcanzan cuando se tiene el valor de perseguirlos.







