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En medio de una tensa tregua comercial, el presidente de China, Xi Jinping, recibió con honores de Estado a su homólogo estadounidense, Donald Trump, en la emblemática Plaza de Tiananmén. La ceremonia, marcada por la alfombra roja, bandas militares y la presencia de niños ondeando banderas de ambas potencias, buscó proyectar una imagen de cordialidad institucional pese a los profundos desacuerdos que separan a Washington y Beijing.
La visita de Trump ocurre en un contexto de mermada popularidad en la región asiática, impulsada por la postura de su administración en los conflictos de Medio Oriente y, de forma más directa, por la reciente venta de armas a Taiwán, un tema que el gigante asiático considera una línea roja infranqueable. Aun así, el pragmatismo se impuso en el Gran Salón del Pueblo, donde Xi Jinping ofreció un banquete en honor al mandatario estadounidense, subrayando la importancia de mantener canales de comunicación abiertos entre las dos economías más grandes del planeta.
La comitiva de los negocios: Elon Musk presente
El objetivo central de Trump en esta gira es forzar una mayor “apertura” del mercado chino para las empresas norteamericanas. Para ello, el mandatario viajó respaldado por una comitiva de alto perfil empresarial donde destaca Elon Musk, cuya influencia en el sector tecnológico y de vehículos eléctricos es vital para la relación bilateral. Estados Unidos mantiene sus reclamos históricos sobre el superávit comercial chino, las prácticas de competencia desleal y las constantes violaciones a la propiedad intelectual, temas que estarán sobre la mesa en las reuniones privadas de esta semana.









