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Mariel Serrano
A partir del 14 de julio, el gobierno de Estados Unidos impondrá un arancel del 20.91% a la importación de jitomate mexicano. La medida, anunciada por el Departamento de Comercio de ese país, busca según el comunicado oficial, proteger a los productores locales de una supuesta competencia desleal.
Puebla, como uno de los principales estados productores de jitomate en México, se verá directamente afectado, puesto que, en 2023, el estado generó 150,141 toneladas del fruto, ubicándose como el octavo productor nacional, por encima de estados como Zacatecas y el Estado de México, de acuerdo con datos de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER).
Según cifras estatales, más del 50% de la producción poblana de jitomate se destina a exportación, principalmente al mercado estadounidense y, solo en 2024, entre enero y octubre, se registró el envío de 2,673 toneladas desde Puebla a Estados Unidos, de ese total, cerca de 2 mil toneladas podrían verse impactadas directamente por el nuevo arancel.
Especialistas del sector advierten que la medida podría generar un exceso de producto en el mercado nacional, provocando una caída drástica en los precios.
Estimaciones técnicas indican que el costo por kilogramo podría desplomarse de los actuales 10 pesos a tan solo 1.20 pesos, dejando sin posibilidad de recuperación económica a pequeños y medianos productores.
Además de los efectos arancelarios, factores climáticos como sequías y heladas ya han golpeado al campo poblano por esto, ingenieros agrónomos y asesores agrícolas coinciden en que, sin políticas públicas de respaldo y estímulos a la producción, muchos agricultores podrían abandonar el cultivo por completo.
El jitomate representa actualmente el segundo producto agrícola más exportado por México a Estados Unidos, después del aguacate.
Y, en 2023, se enviaron más de 1.7 millones de toneladas al país vecino, generando ingresos por más de 2,182 millones de dólares.
Por lo que, la decisión de Estados Unidos, que revierte un acuerdo alcanzado en 2019 durante la primera administración de Donald Trump, representa un nuevo desafío para el sector agrícola nacional.








