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Ciudad de México se está quedando sin agua potable y el problema podría agudizarse
CNN Español
Alejandro Gómez lleva más de tres meses sin agua corriente. A veces sale durante una o dos horas, pero solo un chorrito, apenas suficiente para llenar un par de cubetas. Después, nada durante varios días.
Gómez, que vive en el barrio de Tlalpan de Ciudad de México, no tiene un gran depósito de almacenamiento, por lo que no puede recibir el agua de las pipas. En cambio, él y su familia ahorran lo que pueden comprar y almacenar.
Cuando se bañan, recogen el agua que escurre al jalar la cadena del inodoro. Es duro, dice a CNN. “Necesitamos agua, es esencial para todo”.
La escasez de agua no es poco frecuente en este barrio, pero esta vez se siente diferente, cuenta Gómez. “Ahora mismo, estamos teniendo este clima caluroso. Es aún peor, las cosas están más complicadas”.
Ciudad de México, una metrópolis en expansión de casi 22 millones de habitantes y una de las mayores urbes del mundo, se enfrenta a una grave crisis hídrica, ya que a una maraña de problemas -como la geografía, el caótico desarrollo urbano y las fugas en las infraestructuras- se suman los efectos del cambio climático.
Años de lluvias anormalmente escasas, periodos de sequía más largos y temperaturas elevadas han añadido tensión a un sistema hídrico que ya se esforzaba por hacer frente al aumento de la demanda. Las autoridades se han visto obligadas a imponer importantes restricciones en el bombeo de agua de los depósitos.
“Varios barrios llevan semanas sufriendo la falta de agua, y aún quedan cuatro meses para que empiecen las lluvias”, afirma Christian Domínguez Sarmiento, científico atmosférico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
¿CÓMO SE PUEDEN SOLUCIONAR LOS PROBLEMAS DE AGUA EN MÉXICO?
Los políticos restan importancia a cualquier sensación de crisis, pero algunos expertos afirman que la situación ha alcanzado niveles tan críticos que la Ciudad de México podría estarse acercando al “día cero” en cuestión de meses, en el que los grifos se secarían en amplias zonas de la ciudad.
MÍNIMOS HISTÓRICOS
La densamente poblada Ciudad de México se extiende sobre el lecho de un lago de gran altitud, a unos 2.000 metros (1.24 millas) sobre el nivel del mar. Construida sobre un suelo arcilloso, en el que ahora se hunde, es propensa a los terremotos y muy vulnerable al cambio climático. Quizá sea uno de los últimos lugares que alguien elegiría hoy para construir una megaciudad.
Los aztecas eligieron este lugar para construir la ciudad de Tenochtitlan en 1325, cuando era un conjunto de lagos. Construyeron sobre una isla, expandiendo la ciudad hacia el exterior, construyendo redes de canales y puentes para trabajar con el agua.
Pero cuando llegaron los españoles a principios del siglo XVI, derribaron gran parte de la ciudad, drenaron el cause del lago, rellenaron canales y arrancaron bosques. Vieron “el agua como un enemigo que había que vencer para que la ciudad prosperara”, afirma José Alfredo Ramírez, arquitecto y codirector de Groundlab, una organización de investigación sobre diseño y política.
Su decisión allanó el camino para muchos de los problemas modernos de la Ciudad de México. Los humedales y ríos han sido reemplazados por hormigón y asfalto. En época de lluvias se inunda. En la estación seca, está reseco.
Alrededor del 60% del agua de Ciudad de México proviene de su acuífero subterráneo, pero su extracción ha sido tan excesiva que la ciudad se hunde a un ritmo alarmante: unos 20 centímetros (casi 8 pulgadas) al año, según investigaciones recientes. Y el acuífero no se reabastece con la suficiente rapidez. El agua de lluvia se desliza por las superficies duras e impermeables de la ciudad, en lugar de hundirse en el suelo.
El resto del agua de la ciudad se bombea a grandes distancias cuesta arriba desde lugares a las afueras de la ciudad, en un proceso increíblemente ineficaz, durante el cual se pierde alrededor del 40% del agua por fugas.
El sistema hídrico Cutzamala, una red de embalses, estaciones de bombeo, canales y túneles, suministra aproximadamente el 25% del agua utilizada por el Valle de México, que incluye a la Ciudad de México. Pero la grave sequía ha hecho estragos. Actualmente, alrededor del 39% de su capacidad, languidece en mínimos históricos.
“Es casi la mitad de la cantidad de agua que deberíamos tener”, afirma Fabiola Sosa-Rodríguez, responsable de Crecimiento Económico y Medio Ambiente de la Universidad Autónoma Metropolitana de Ciudad de México.
En octubre, la Conagua, Comisión Nacional del Agua del país, anunció que restringiría el agua del Cutzamala en un 8% “para garantizar el suministro de agua potable a la población dada la grave sequía”.
Apenas unas semanas después, las autoridades endurecieron significativamente las restricciones, reduciendo el agua suministrada por el sistema en casi un 25%, culpando a las condiciones meteorológicas extremas.
“Habrá que tomar medidas para poder distribuir en el tiempo el agua que tiene el Cutzamala, para garantizar que no se agote”, dijo entonces en un comunicado Germán Arturo Martínez Santoyo, director general de la Conagua.
Alrededor del 60% de México sufre una sequía de moderada a excepcional, según un informe de febrero. Casi el 90% de Ciudad de México padece sequía grave, y la situación empeorará cuando aún faltan meses para el inicio de la temporada de lluvias.












