El candidato al Senado de la República, Juan Carlos Lastiri Quirós, es lo que se conoce en la política mexicana como un verdadero estafador.

A su paso por distintas carteras en la administración estatal y federal, en las que ha tenido como principal objetivo el abatimiento de la pobreza y generar mejores oportunidades de desarrollo para quienes más lo necesitan, este singular personaje desvirtuó esos objetivos para hacerse, de la noche a la mañana, vulgarmente rico. Todo tipo de acuerdos bajo la mesa, con su respectivo moche, eran el día a día de este encumbrado funcionario del Gobierno Federal. Su llegada al gabinete presidencial obedeció a su oportunismo político, para nadie es un secreto que en la elección de 2012, Lastiri peleaba por primera ocasión el Senado de la República. En sus planes, la prioridad era buscar fuero a toda costa. Su paso por la Secretaría de Desarrollo Social en el gabinete del impresentable gober precioso, Mario Marín Torres, lo exigía. Padrones de beneficiarios inexistentes, de obras sin ejecutar (pero obviamente cobradas), entrega de apoyos fantasma a supuestos ciudadanos en situación de pobreza y, la joya de la corona, los comités de desarrollo social, monumento a la corrupción desmedida. Los Codesos (Comités de Desarrollo Social) fueron una figura que inventó el gobierno de Marín, supuestamente, para llegar a poblaciones y comunidades donde se carecía de lo básico.

La cartera estaba abierta, habría que justificar un comité integrado por más de cinco ciudadanos, a los que les preguntaba su principal necesidad. Una vez detectadas las necesidades, “operadores” de la secretaría harían la labor de gestionar los recursos para estas causas. El resultado no era otro más que simular la entrega de apoyos con su respectivo moche. Una versión aldeana de la hoy conocida “Estafa maestra”. Para nadie es un secreto lo que sucedió en vísperas del inicio del gobierno del presidente Enrique Peña Nieto. Un desplegado en el diario Reforma, de una plana completa, denunciaba las corruptelas de Lastiri y su séquito de secuaces a su paso por la Sedesol (Secretaría de Desarrollo Social) estatal. La operación era muy sencilla según narraba el desplegado: En la sucursal de Bancomer de la 25 Poniente, los beneficiarios cobrarían un cheque por el monto que se les había gestionado para resarcir sus necesidades, una vez cobrado el dinero, afuera, en el estacionamiento, un personero de Lastiri cobraba una dádiva por las gestiones realizadas… Francisco Ayala, operador cercanísimo de Lastiri, era quien cobraba los moches. De ese tamaño su cinismo. Sin embargo, la suerte le sonrió a Lastiri y logró colarse como subsecretario de la Secretaría Desarrollo Social Federal. Ahí, pulió su técnica.

Las mieles del poder le permitieron tener acceso a más recursos en todo el país y a gestionar con gobernadores y presidentes municipales. Desde luego, sus operadores como Ariel Álvarez, en el FAIS (Fondo de Aportación a la Infraestructura Social), hacían la labor de gestión y cobranza de los favores recibidos por el “Subse”. Todo con la absoluta complacencia de su jefa Rosario Robles, por ello, se sirvió con la cuchara grande durante su paso por Sedesol. Por si no hubiera sido suficiente, el robo en despoblado que causó el poblano a la salida de Robles de la Sedesol, se le premió con otra subsecretaría en la SEDATU (Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano), otra vez, bajo el manto protector de la ex jefa de Gobierno. Nuestro rapaz personaje se diversificaba, entraba a las grandes ligas del dinero. Ahora le entraría a la construcción, su negocio anhelado. Como Subsecretario de Vivienda, otorgó contratos a diestra y siniestra a quienes daban el mejor porcentaje; a diferencia de lo que hacía en Puebla, aquí la baraja de dinero era inmensa, el límite era la imaginación. Sobra decir lo que pasó con la reconstrucción de las casas para los afectados por la tormenta tropical Earl, o el rezago en la reconstrucción de las casas de los afectados por el sismo de septiembre del año pasado. Ese dinero no dejó de llegar a la cartera de Lastiri, faltaba más, la llave nunca cerró. Lucrar con la desgracia de otros es igual de deleznable que poner agua destilada en las quimioterapias. Ruín de cuerpo completo. Así es el candidato al Senado de la República, Juan Carlos Lastiri Quirós. El Varguitas de San Pedro de los Saguaros es un santo a comparación de este sátrapa.

 

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