Proponen una Estación Experimental de Manejo Sustentable de Tierra, para demostrar los beneficios del cuidado de los suelos

Redacción

El suelo presta diversos servicios a la humanidad y al planeta. En la dimensión ambiental es el tercer reservorio de carbono, solo superado por los océanos y los estratos geológicos; sobre este se desarrollan las plantas, a través de la fotosíntesis y captura de CO2 de la atmósfera. En lo social constituye el principal recurso para producir alimentos. En lo económico es el sustento de comunidades rurales; aporta materiales para la industria y guarda la historia de culturas ancestrales. Además, es sustrato de las construcciones civiles e industriales. ¿Cuánto vale? No tiene precio. Aunque existen muchos intentos de darle un valor, el desconocimiento y poca atención de muchas personas sobre este recurso natural es una de las principales causas de su deterioro acelerado: más de tres cuartas partes de la superficie terrestre están degradadas. De acuerdo con la FAO, si no se toman medidas contra la erosión en 2050 habrá una reducción de producción de más de 253 millones de toneladas, cifra equivalente a eliminar 1.5 millones de kilómetros cuadrados de zonas agrícolas, aproximadamente toda la tierra cultivable en India. Con el propósito de conservar y recuperar el suelo dañado por el maltrato de años de abandono, investigadores del Instituto de Ciencias de la BUAP (ICUAP) realizan proyectos internos y con financiamiento externo para su mejora y recuperación. A través de la propuesta de una Estación Experimental de Manejo Sustentable de Tierra, en cinco hectáreas del Ecocampus Universitario Valsequillo se pretende demostrar, con investigación básica, los beneficios que reporta su cuidado, en lo ambiental, social y económico. Jesús Armando Ruiz Careaga, académico del Departamento de Investigación en Ciencias Agrícolas (DICA) y responsable de este proyecto, señaló que en el área de la estación ya se han clasificado siete cortezas edáficas.

Unas conservan suelos potencialmente agrícolas, otras están afectadas de forma moderada por la actividad humana, dos se encuentran en estado avanzado de degradación -aparece en la superficie el horizonte C, incapaz de dar sustento a las plantas de cultivo- y en el peor de los casos existe un sitio con pérdida de todos los horizontes edáficos y la roca aflora en la superficie. Por medio de la reforestación y otras medidas de manejo sustentable de tierras, la zona que ocupa esta estación experimental se convertirá en un espacio para mostrar lo acertado de esta investigación. “Se espera convertirlo en una herramienta para combatir y mitigar los efectos del cambio climático, reducir los niveles de pobreza en el campo y mejorar las condiciones económicas de las familias”, destacó el investigador del ICUAP. Hasta el momento, Ruiz Careaga indicó que ya se han montado varias parcelas para estudiar los efectos de las medidas aplicadas sobre las variables físicas, químicas y biológicas, y cómo estas contribuyen a mejorar su calidad. Las parcelas están montadas en terrenos erosionados, con pérdida total de los horizontes A y B, aflorando el horizonte C en la superficie. La parcela patrón únicamente está reforestada; en otra se utiliza cobertura vegetal como medida de conservación, así como barreras vivas de Vetiveria zizanioides (un zacate utilizado para este fin). En la tercera parcela se aplica, lo que denomina el investigador Ruiz Careaga, siembra de suelos, que consiste en recuperar este recurso de las construcciones que se realizan en CU, para “sembrarlo” de nuevo en un área que una vez sustentó bosques y fue sustituida por la agricultura. También se han realizado pequeñas obras de ingeniería, para retener los suelos arrastrados por escorrentía y evitar su paso hacia la presa Valsequillo. Estas obras tienen un año y ya son visibles sus beneficios sobre la disminución de la erosión. Asimismo, en las diferentes parcelas se muestra que el grosor de los tallos, altura y sobrevivencia de las plantas responden mejor a los tratamientos de reforestación, medidas de conservación y la aplicación del manejo sustentable de tierras, destacó el académico. UN PEQUEÑO GRANO DE ARENA El suelo del Ecocampus Universitario Valsequillo presenta pérdidas de más de un metro de profundidad, ese nivel es equiparable a la merma superior de 200 toneladas por hectárea al año, las cuales fueron arrastradas por la lluvia hacia la presa Valsequillo. Para llegar a esta magnitud de deterioro se necesitan muchos años de descuido, desconocimiento y maltrato, lamentó el doctor Ruiz Careaga. Por ello -agregó- es importante apoyar estas iniciativas para que los resultados se alcancen en un tiempo prudencial y comprueben los beneficios de este tipo de investigación en lo académico, social y económico.

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